Anatomía del Estancamiento

El cansancio de ser uno mismo

Cuando funcionar bien y cumplir con todo no se traduce en vivir bien. La paradoja del estancamiento moderno.

El cansancio existencial

A

menudo llegan a mi consulta personas que, desde una mirada externa, parecen tenerlo todo resuelto. Tienen trabajos estables, relaciones aparentemente funcionales y rutinas muy organizadas. Cumplen con todos los "checkpoints" de su vida. Sin embargo, detrás de esa fachada de alto rendimiento, se hace presente una profunda sensación de vacío y agotamiento que no logran explicar. Con el tiempo, muchos terminan convencidos de que esa sensación simplemente forma parte de la vida adulta.

La trampa del buen funcionamiento

Vivimos en una época que premia la operatividad. Se nos enseña que el éxito reside en nuestra capacidad de adaptarnos a los cambios constantes de la vida moderna, responder a una lluvia constante de demandas que parecen urgentes y a ser eficientes en los resultados a toda costa. Pero esta eficiencia tiene un costo oculto: nos volvemos tan buenos cumpliendo expectativas externas que gradualmente nos silenciamos a nosotros mismos en el camino.

El filósofo Byung-Chul Han habla de la "sociedad del cansancio", donde el individuo se explota a sí mismo bajo el imperativo del rendimiento. En la clínica, esto se traduce en un cansancio muy particular. No es el cansancio físico de quien ha trabajado todo el día sin parar; es un cansancio existencial, un vacío que te acompaña al despertar. Es el peso insoportable de tener que sostener una identidad construida para encajar en el entorno en el que "debes estar".

"No es que hayamos dejado de sentir, sino que nos hemos vuelto expertos en ignorar lo que sentimos en pos de seguir funcionando"

El síntoma como brújula

Desde una perspectiva fenomenológica, este "estancamiento" o sensación de vacío no es una falla que deba ser reparada rápidamente con la técnica de moda, el último método viral de redes sociales o una nueva estrategia de gestión del tiempo. Por el contrario, es una señal vital. Es el propio cuerpo diciendo: "la forma en la que estamos viviendo ya no nos sostiene como antes".

El síntoma, entonces, emerge como una oportunidad para detenerse. La ansiedad de alto rendimiento o esa sutil apatía dominguera son formas en las que aspectos de nuestra experiencia que hemos dejado de lado vuelven a hacerse presentes. Volver a darle sentido a esta experiencia requiere coraje, porque implica mirar de frente aquello que hemos evitado, manteniéndonos siempre ocupados.

Recuperando nuestro protagonismo

Cuando permanecemos demasiado tiempo viviendo para cumplir expectativas externas, algo más comienza a ocurrir: la historia que contamos sobre quiénes somos empieza a estrecharse. Aquí es donde la idea del filósofo Paul Ricoeur cobra un sentido vital. Él nos enseñó que los seres humanos somos, fundamentalmente, historias. Nos entendemos a nosotros mismos narrando nuestra vida, como si fuéramos los protagonistas de un libro que se escribe día a día. Sin embargo, a veces terminamos identificándonos únicamente con lo que él llama la "mismidad": una versión más fija e inamovible de nosotros mismos (el "yo siempre he sido así", "yo soy el responsable", "yo soy el que resuelve").

El trabajo psicoterapéutico en estos casos no busca hacer a la persona "más productiva" ni simplemente aliviar el malestar para que vuelva a encajar en la misma máquina que la agotó.

"El objetivo es que vuelvas a tomar el lápiz."

Cuando sentimos ese cansancio existencial, suele ser porque estamos actuando en una historia cuyo guion fue escrito por otros (las expectativas familiares, la presión social, el deber ser) y nos hemos quedado relegados a un papel secundario en nuestra propia vida. No significa cambiarnos de trabajo necesariamente, sino recordar que no estamos condenados a seguir interpretando siempre el mismo papel.

Clarificar significa volver a conectar con tu propio deseo. Es atreverte a reescribir tu historia, no como un personaje atrapado en un rol fijo, sino como el autor y protagonista activo de tus decisiones.

Dejar de estar cansado de ser uno mismo comienza cuando nos damos permiso para soltar ese personaje rígido que nos exige funcionar perfectamente todo el tiempo, y aceptamos el desafío de volver a narrarnos de una forma más genuina y vital.

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